Indignados

Amanece en Benidorm, donde estoy de vacaciones con mi marido y mis hijas, aprovechando la casa que aquí tienen mis padres para disfrutar del mar, y llevo ya un rato sin poder dormir, tratando de reflexionar sobre el pedazo de realidad que ocupa esta mañana mi mente consciente.

Benidorm, una ciudad llena de neones y de ruido, llena la basura que produce la avaricia desmedida de los zombies del consumo… comida barata, ropa barata y un montón de objetos baratos que ni los niños ni los adultos necesitamos para nada pero a los que acudimos atraídos como moscas a la miel sin preguntarnos cuantas personas –indignadas o no- han trabajado en condiciones lamentables para que nosotros podamos tener otro juguetito que se convertirá en basura antes de que nos queramos dar cuenta.

En las noticias hablan de que nuestra sociedad está indignada, que quiere una democracia real ya y que está harta de que los señores malotes de los bancos y los poderes públicos abusen de nuestros derechos, pero ¿y cada uno de nosotros?  ¿no estamos también abusando de los derechos de otros?

No pretendo con esto criticar el movimiento de los indignados, pues me parece muy bien que surjan alternativas frente a el abuso de poder al que estamos sometidos, pero sí pretendo hacer una reflexión sobre cual es nuestra realidad privilegiada y sobre qué podemos hacer para cambiar nuestra pequeña porción de mundo, además de quejándonos y tomando plazas públicas.

Ayer Silvia, una persona a la que admiro mucho y que acaba de regresar de África, subía a Facebook esta foto:

y la acompañaba del siguiente texto: “Su escuela son 10 palos y su pupitre 100 piedras, soportando 43 grados y sin agua durante 8 horas, pero ellos no están indignados!!!”, y esa simple reflexión, acompañada de todo el consumismo voraz que me rodea en este Benidorm de pleno agosto y en el que caigo como una pardilla más no me deja dormir.

Silvia acude frecuentemente a Kenia para revisar como el dinero que recauda durante el año a través de la Fundación Vipeika, que ella misma ha creado, se va transformando ladrillo a ladrillo en escuela, comedores y comida. Ella sabe que somos privilegiados porque contamos con el conocimiento y los recursos suficientes para poder trabajar en lograr el cambio que queremos en el mundo, y creo que eso es lo que quiere trasmitir con la frase de la foto, que lo que debemos hacer es trabajar en ello y dejar de quejarnos.

Conozco a algunas personas que creen realmente en su capacidad para cambiar las cosas, y por eso dedican gran parte de su tiempo a aportar soluciones desde las asambleas de barrio que se han creado a partir del movimiento de los llamados indignados, gente que trabaja en proyectos y propuestas concretas y se marca unos objetivos específicos que estoy convencida conseguirán si trabajan con pasión y confianza.

También conozco a gente que, como Silvia, comprende que el sentido de nuestras vidas no está en pedir sino en dar, y trabaja en ello convirtiendo en realidad la enorme capacidad de cambiar el mundo que tiene cada persona… y conozco a gente que, como Mª Jesús, se da cuenta de que en el hospital donde trabaja se desperdicia mucha comida, y tiene el coraje de plantearlo a la gerencia y conseguir que se esté trabajando para que toda esa comida se traslade a diario a comedores sociales… y conozco a gente como Mar, que donó a un proyecto solidario toda la indemnización que recibió de un acuerdo de despido porque sentía que no se la merecía, ya que se fue voluntariamente… ¡eso sí que es ser consecuente ¿verdad?, ¿qué habrías hecho tú?!

Desde mi punto de vista tan sólo dando podemos recibir. Admiro enormemente a estas personas y entiendo que a Silvia le indigne la indignación… ¡tanta gente quejándose que podría realmente levantarse y trabajar en cambiar el mundo!

Y yo… ¿qué estoy haciendo?… y  tú… ¿qué estás haciendo?

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Un pensamiento en “Indignados

  1. Laura, espero que disfrutes tus vacaciones, como siempre das en el clavo, te llevo siguiendo varios artículos, aunque no te los comente, pero estoy totalmente deacuerdo contigo, seguro que podemos hacer muchas cosas ademas de protestar en la puerta del sol.
    un saludo

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